Un fotolibro organiza una sucesión de imágenes destinadas a ser vistas de manera individual. Esta serie propone una operación inversa: dirigir la mirada hacia el lugar donde todas esas fotografías aparecen simultáneamente. En el canto del libro, cada imagen se reduce al espesor de una página y pierde su autonomía; la secuencia desaparece y la acumulación produce una nueva imagen.
Estas fotografías no buscan representar los libros, sino registrar el lugar donde las imágenes dejan de ser visibles como unidades autónomas. La representación desaparece por exceso: cientos de fotografías se condensan hasta perder su identidad individual y dar lugar a otra imagen que ninguna de ellas contiene por separado.
Cada imagen conserva como título el apellido de su autor. Esa referencia mantiene presente un conjunto de imágenes que permanece fuera de campo: el espectador sabe que existen, pero sólo accede a su espesor.
Más que registrar un libro, estas fotografías observan la aparición de una imagen lateral: una imagen no prevista, producida por la acumulación material de todas aquellas que el libro contiene.
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