Los cuadros y representaciones que forman parte de estas fotografías ocupan una zona ambigua. Muchos pertenecen a ese vasto territorio del arte cotidiano: pinturas decorativas, retratos familiares, reproducciones, obras olvidadas, heredadas o desplazadas de su lugar original. No son necesariamente las imágenes que la historia del arte suele destacar, pero forman parte del paisaje visual con el que convivimos.
Fuera de los museos el arte rara vez aparece aislado. Se mezcla con el trabajo, la decoración, el desorden, la memoria y el uso cotidiano.
La fotografía introduce además una nueva operación; un cuadro que ya representaba algo pasa a formar parte de otra imagen, la representación es representada nuevamente. Sin embargo, más que reflexionar sobre ese juego de espejos, lo que interesa es registrar el momento en que una imagen parece integrarse por completo al mundo material que la rodea.
Cuadros y cosos es, en definitiva, una serie sobre la persistencia de las imágenes. Sobre su capacidad para permanecer entre nosotros aun cuando dejamos de prestarles atención. Y también sobre la fotografía como una forma de volver a mirar aquello que, por habitual, corre el riesgo de volverse invisible.