Esta serie parte de una observación cotidiana de edificios vidriados de oficinas. A través de recortes y aproximaciones extremas, las fachadas reflejantes dejan de comportarse únicamente como arquitectura y comienzan a producir imágenes inestables, fragmentadas y ambiguas.
Las superficies de vidrio deforman el entorno, multiplican líneas, alteran escalas y transforman escenas reales en composiciones que rozan la abstracción sin desprenderse del todo de la fotografía. Aunque las referencias espaciales muchas veces se diluyen, las imágenes continúan ancladas en una experiencia concreta de la ciudad y en la observación directa del espacio urbano.
Más que construir abstracciones, el trabajo parece descubrirlas dentro de la propia realidad. Las formas, colores y distorsiones no son intervenidos ni fabricados: emergen de la relación entre luz, arquitectura y percepción.​​​​​​​
En continuidad con otras series centradas en Buenos Aires y sus superficies urbanas, estas fotografías profundizan una mirada sobre los pequeños desplazamientos visuales que la ciudad produce constantemente y que, muchas veces, pasan inadvertidos.
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