Las fotografías de esta serie fueron realizadas a través de los vidrios de distintas paradas de colectivos de Buenos Aires. Intervenidos por grafitis, rayones, firmas y restos de pintura, esos vidrios dejan de funcionar como superficies transparentes para convertirse en un plano activo dentro de la imagen.
El flash acentúa esa transformación: ilumina las marcas anónimas, vuelve matérico el vidrio y desplaza el paisaje urbano hacia un segundo plano. La ciudad aparece fragmentada, parcialmente cubierta, mezclada con escrituras y gestos ajenos que interrumpen la escena.
Sin buscar el documento directo ni la abstracción pura, las fotografías se sitúan en una zona intermedia donde la observación cotidiana convive con una dimensión pictórica inesperada. Las intervenciones sobre el vidrio actúan como una especie de filtro colectivo e involuntario que altera la mirada y redefine aquello que se ve.​​​​​​​
En continuidad con trabajos anteriores centrados en el espacio urbano y el transporte público, la serie vuelve sobre la ciudad como territorio de superposiciones, tránsito y capas visuales en permanente transformación.
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