Días de plaza comenzó a tomar forma a partir de una nueva rutina: pasar más tiempo en plazas infantiles acompañando a mi hijo. Son espacios cuyas formas ya me interesaban, pero a los que ahora tengo un acceso más frecuente y prolongado.
Las fotografías no buscan describir las plazas ni los juegos, sino trabajar con fragmentos. Los diseños que se observan en los pisos de caucho son recortados hasta que empiezan a desprenderse de su función original.
El encuadre evita una lectura inmediata del lugar. Por momentos la imagen puede acercarse a la abstracción antes de que sea posible reconocer de dónde provienen esas formas. Esa pequeña incertidumbre es parte del trabajo.
La serie nace entonces de un cambio concreto en la vida cotidiana, pero no intenta narrarlo. Las plazas aparecen como un nuevo espacio de observación: lugares funcionales, pensados para el juego, que la fotografía transforma en composiciones autónomas.