La serie se concentra en las ópticas de automóviles como objetos de observación formal. Mediante encuadres cerrados y una iluminación directa y constante, cada elemento es separado parcialmente del sistema al que pertenece y de la función para la que fue diseñado.
El flash no actúa solamente como recurso de iluminación. Su incidencia sobre superficies plásticas, transparentes, metálicas y reflectantes produce una alteración perceptiva: intensifica el color, aplana determinadas relaciones espaciales, revela estructuras internas y genera reflejos que se integran a la imagen como materia visual.
La repetición establece un sistema. Formas circulares, ovaladas, rectangulares o irregulares aparecen como variaciones dentro de una misma tipología. El diseño industrial deja de ser leído únicamente en términos de utilidad y comienza a funcionar como un repertorio de geometrías, texturas, transparencias y colores.
La identificación del vehículo permanece en un segundo plano. El recorte desplaza el objeto desde lo reconocible hacia una zona ambigua, en la que todavía conserva su condición de parte mecánica y, al mismo tiempo, puede ser percibido como superficie, signo, estructura o forma abstracta.
La serie trabaja sobre esa inestabilidad: mirar un objeto conocido hasta que su familiaridad comienza a debilitarse.
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